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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 27 de Marzo de 2011.

Es nuestra manera de ver y evaluar cada situación dolorosa lo que nos ayuda a superarla y a seguir adelante. No existe ningún beneficio en permanecer estancado en cualquier forma de dolor. No desperdicies tu precioso tiempo en asuntos del pasado, mejor invierte tu energía en lo positivo del presente. Además, que te hayas equivocado en el pasado, no significa que no puedas tener hoy una vida diferente y plena.

Por esto, no permitas que la rabia, la culpa, la venganza, la frustración, el resentimiento, la vergüenza, la tristeza, la decepción, etc.,  se instalen en tu vida. Todas ellas son perjudiciales para tu salud  física, mental, emocional y espiritual. Obviamente, si hacen parte de la evolución normal de cualquier proceso doloroso. Pero deben ser solo eso, parte del proceso. Solo temporales ya que anclarse en ellas es morir lentamente. Aparte, el sufrimiento no prueba nada. Tú no eres tu pasado; no importa lo “real” que se sienta cuando te atormentas reviviéndolo, identificarse con esas sensaciones antiguas es lo que te ata a su tormento.

Cada pensamiento, emoción, situación, cualquiera sea su naturaleza, tiene vida propia, lo que quiere decir que nace y muere, inicia y termina. Así que si te sientes “atrapado” es porque no les ha permitido morir naturalmente. Si aun estás atado a un dolor del pasado, entiende que tú mismo lo has tolerado, te has resistido a soltarlo.

Cada reto se enfrenta solo en su momento y no se lleva ni hacia adelante y mucho menos hacia atrás. Comprende que cada instante es nuevo, tu vida empieza de nuevo cada segundo. Asume cada día como si fuera la vida en su totalidad. Es como si muriéramos cada noche para volver a nacer al amanecer siguiente; siendo jóvenes, vitales y llenos de mucha energía.

Fluye como un rio tranquilo. Despójate de lo viejo y no te estanques. Piensa en lo que le puede ocurrir a una fuente que deja de fluir agua nueva y fresca. De seguro muy pronto se convertiría en un pozo de agua sucia, negra y putrefacta. No permitas que eso ocurra con tu vida.

Nadie jamás ha vivido en ningún momento que no sea el presente. Permite que te suceda algo nuevo y no dejes que la corriente del pasado te ordene la dirección que debes llevar ahora. Nada ni nadie puede impedir que dejes atrás un pasado doloroso y comiences de nuevo. Entender esto es la puerta hacia la libertad.

Lamentarse del pasado se origina en la falsa idea de creer que podrías haber hecho algo diferente a lo que hiciste. Entiende que si lo hubieras podido, de seguro lo hubieras hecho. Por otro lado, si no lo has logrado, no tiene por qué fingir ante los demás que ya no sufres y que el dolor se alejó,  ya que si no eliminas a conciencia su causa, este regresará tarde o temprano. Pide a tus ángeles que te asistan en el proceso de perdonarte a ti mismo y a los demás por todos los errores del pasado. Con la ayuda celestial y a través del amor, libera todos los pensamientos, sentimientos y emociones que bloqueaban tu felicidad. Ya notarás como perdonando y dejando ir el pasado tu prosperarás. Soltando tendrás las manos libres para recibir.

Comprende que el pasado es pasado, saborea la dulzura del hoy y confía en el proceso de la vida. Dios puede sanar y brindar armonía bajo cualquier condición, en cualquier momento y en cualquier lugar. El está más allá del tiempo y del espacio.

Pide a sus ángeles que te ayuden a identificar qué es eso que reside en tu interior y te impide estar en el hoy, disfrutando de la vida, sus bondades y bendiciones. Decreta que: “Ningún dolor mental o emocional indeseado tiene autorización de vivir en tu interior”.

Los ángeles trabajan con nosotros, cuando se los pedimos, liberándonos del pasado en forma compasiva. Sea cual sea la causa del dolor: una ruptura sentimental, una pérdida de cualquier índole, un fracaso, una decepción, etc., el método es idéntico.

Determina tu intención de liberar la situación. Respira despacio y profundo varias veces (mínimo siete) para tranquilizar tu mente y cuerpo. Sintiéndote ya relajado, invoca a tus ángeles y dirige tu conciencia hacia el área del conflicto. Visualiza la situación que quieres liberar pero ubícate esta vez como un espectador (no como protagonista) y observa sin juzgar. Acepta, perdona, agradece y encuentra la bendición escondida, la lección que aprendiste. Una vez que la reconozcas, suéltala.  Ya no la necesitas más y estarás listo para seguir adelante. Deja que se desvanezca y pon todo en manos de Dios y tus ángeles. Si tienes más de un proceso por soltar hazlo uno por uno.

Trabaja además con esta tripleta de maravillosos arcángeles: Jeremiel, para que te ayude a revisar hacia atrás los eventos dolorosos. Zadquiel, para que los transmute y Azrael, para que purifique sus residuos y cierre completamente el ciclo.

Elige el camino de la aceptación. No te compares con nadie. Sonríe más y se agradecido. Ponte en paz con tu presente, centrando tu atención en lo que existe y tienes aquí y ahora. Reconoce que tú eres el único que está a cargo de tu felicidad. Permanece dispuesto a ver tu experiencia bajo una nueva perspectiva. Despréndete de lo que ya no sea bonito y útil (incluyendo creencias caducas) abonando así el terreno de tu nueva vida.

Para terminar: Que el pasado solo exista para propósitos prácticos, nunca para ser una fuente de sufrimiento. Que este sea el último día que cargues innecesariamente con tu dolor. Permítele a tus ángeles que se lleven por completo ese peso de tus hombros; eleva tu mente y corazón hacia la luz.

Martha Muñoz Losada

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