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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 18 de Diciembre de 2011.

En esta época de Navidad se despiertan en nosotros emociones y sensaciones muy particulares de unidad, amor, alegría y hasta de nostalgia para algunos.  Más importante que el festejo, estos días marcan un tiempo de reflexión, de renacimiento. De mirar hacia adentro, de ponerle fin a lo que necesita morir, de permitir la llegada de lo nuevo a nuestras vidas: hábitos, costumbres, pensamientos, virtudes, proyectos, personas.

El niño Jesús no solo nace en el pesebre. Si tú lo permites, Él también puede nacer en ti. Deja que suceda y bríndate la oportunidad de que un nuevo tú renazca, integrando con la ayuda de tus ángeles esas partes heridas que no habías querido reconocer pero que con amor y perdón puedes sanar para ser libre y darle la bienvenida a tu nuevo Yo:

Un ser que manifiesta y expresa amor, que apoya a otro con una palabra de aliento, un gesto de solidaridad o consuelo, que mira a los ojos, de alma a alma contemplando también a Dios en su hermano; con la certeza de que no hay separación y es Uno con todo lo que le rodea. Respeta su entorno y a todas las criaturas que habitan en el planeta Tierra, su hogar.

Ora, medita y usa la respiración como mecanismo poderoso para relajarse y conectarse con su Ser Superior. Agradece a diario todo con lo que ya cuenta. En lugar de pedir para que algo suceda, da las gracias por anticipado, seguro de que su plegaria ha sido escuchada porque involucra bendiciones para todas las personas y espera paciente a que la respuesta llegue.

Con conciencia. Que elige a cada momento las experiencias que necesita para aprender y crecer. Comprende la lección en cada situación, entrega todo de sí  y está dispuesto a vivir lo mejor que pueda. Asume responsabilidades y no culpa a nadie de sus desaciertos, porque sabe que es co-creador de cada instante vivido.  Actúa hoy y se da la oportunidad de efectuar cambios verdaderos.

Auténtico. Admite que es único, valioso, profundamente amado por Dios, con talentos increíbles y que tiene un lugar especial en el universo. Sabe que hace parte de un plan divino al que se alinea sin expectativas y con confianza. Con discernimiento; intuitivamente  escoge lo que mejor le conviene porque acepta la sabiduría que ya reside en su interior. Comprende además, que con Dios como guía y de la mano de sus ángeles, no hay manera de equivocarse.

Con amor propio, autoestima y persistencia. Que sigue su corazón, sus sueños profundos y no se queda ahí en ideas porque los convierte en acciones. Si falla, no pierde. Si ese no era el camino, sigue tranquilo buscando su sendero y da el siguiente paso porque comprende que no hay manera de pronosticar el desenlace si no prueba.

Alegre. Con sentido del humor, que disfruta hasta de sus pequeños infortunios y de todo lo que Dios dispone en su camino. Celebra, ríe y baila porque la vida es una danza continua. Merecedor, da, acepta y permanece abierto a recibir todos esos regalos inesperados de la vida, las bendiciones que Dios, sus ángeles y el universo le brindan.

Decidido. Aunque sabe que todo tiene su tiempo, no pospone sus actos por temor o con excusas, esperando a que sea el momento aparentemente “perfecto”, el día que haya dinero, tenga tiempo o esté lo suficientemente preparado. Que fluye con cada evento y reconoce el lado positivo aun cuando el resultado no sea el esperado. No necesita forzar circunstancias ni presionar a nadie para alcanzar sus sueños.

Autoconocedor y tolerante. Un ser que aunque no le guste puede entrar dentro de su propia oscuridad y aceptar que eso que le molesta de otros, también es un aspecto suyo por trabajar. Se perdona a sí mismo y a los demás. Pide disculpas, reconoce y enmienda sus errores  en la medida de sus posibilidades.

Positivo y creativo, que visualiza su éxito y monitorea sus pensamientos constantemente, sintonizándolos con sus palabras y acciones. Con capacidad de  autosanación, interpreta sus enfermedades como llamados de atención de su alma. Reconoce que detrás de cada malestar físico hay una emoción por atender y lo hace.

Con balance, sabe cuidar su cuerpo y le brinda lo mejor. Atiende sus necesidades y no las antepone ante las de los demás. Entendedor de que no hay razón para abrumarse con cargas ni propias ni ajenas; suelta y pone en manos de Dios y de sus ángeles lo que pesa en su mochila y que ya no le sirve para andar ligero de equipaje y disfrutar de lo que realmente importa. Flexible, se ajusta a los cambios. Dispuesto a transformarse y a dejar atrás el pasado y todo lo que le ancle a él.

Con estos u otros atributos que tú elijas puedes moldear el nuevo tú. Ánimo, tú tienes el poder y las herramientas para hacerlo y cuentas con todo el apoyo del cielo. Celebremos juntos el nacimiento de Jesús. Feliz Navidad y mis mejores deseos para que el año entrante sea maravilloso para todos.

 Martha Muñoz Losada
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