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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 12 de Agosto de 2012.

Hay momentos en que sientes que debes avanzar, todo lo indica, tu corazón te lo dicta, pero tus pies no se mueven, es como si no captaran el mensaje. ¿Por qué?,  ¿qué hace que nos detengamos? En realidad, no es el cuerpo el que ataja, sino la mente. La duda, uno de los factores más paralizantes en la existencia de cualquier ser humano, es el eje de esta reflexión.

Si hablamos de formas de duda, las variaciones son bastantes: duda acerca de la efectividad de un resultado, desconfianza en las propias capacidades y posibilidades, falta de credibilidad en una situación o persona, vacilación en la toma de decisiones, sospechas, apegos, celos, reparo, desesperanza, confusión, suposiciones;  en fin, la lista es larga.

“La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar”, cita el escritor peruano Mario Vargas Llosa. Y es que para el ego nada es suficiente, ni confiable, ni perfecto, ni certero ya que de eso se alimenta justamente, de la incertidumbre. La duda implica además un cierto matiz de riesgo, de hecho muy humano. El peligro no radica en arriesgarse, sino en petrificarse y no emprender nada por la duda. Esa si es una amenaza.

Si se te ha vuelto un hábito dudar de todo y de todos, titubeas ante cualquier eventualidad, si la indecisión te ronda, si te aterra lo no convencional, temes mirar hacia adentro, si te sientes inseguro,  solo ves lo que quieres y te asusta descubrir la verdad, es hora de apoyarte en tus ángeles para cultivar tu fe y seguridad interior, manteniéndote positivo y abierto. Si autorizas su intermediación, tu sendero será más sereno y despejado. ¡Si realmente confiaras, si entendieras que permanentemente estás guiado!

Muévete; la mejor manera de esclarecer una duda respecto a una situación es explorar. De hecho, la duda también puede tener su connotación favorable en la medida que te obliga a salir de tu caparazón para descubrir una cantidad de alternativas que antes creías imposibles para ti y que por ello te las habías negado. Porque hay que actuar, las oportunidades aparecen, pero no se quedan indefinidamente esperándote a que las agarres. Atrévete, el plan que Dios tiene para ti, indiscutiblemente, requiere de tu participación.

Ahora, si la fuente de duda radica en otra persona, dirígete directamente a él o ella. No supongas nada, no imagines cosas, no des nada por sentado. Apóyate en el arcángel Gabriel, portador de buenas noticias, para expresarte asertivamente, para afrontar y confrontar desde el amor. Pregunta y escucha con el corazón; todos estamos relacionados y en esa otra persona hay mucho de ti mismo.

En medio de la duda, respira profundamente y observa en silencio tu situación y las distintas opciones. Aparte de tus ángeles de la guarda que siempre están contigo, pide ayuda adicional para discernir y elegir sabiamente. Invoca al arcángel Miguel para que con su espada corte todo atisbo de duda y al arcángel Uriel para que lleve luz a tu mente. Permítete estar un rato así, en perfecta comunión con tus guías celestiales. Agradece su intermediación y pide que te envíen una señal de que efectivamente entendiste claramente.

Puedes dudar de las circunstancias, de lo que digan los demás, pero jamás de la guía divina que procede de tu interior. Aprende a escuchar y confiar en tu corazón, a comprender lo que realmente enaltece tu ser, lo que te nutre y mantiene en balance. Ensancha tu panorama, yendo más allá de los límites que te imponen las voces de tu mente. Incrementa tus posibilidades y examina las opciones que se te presenten. En la medida en que aclares tus dudas, te sentirás centrado y enfocado para seguir adelante. Actúa, nunca sabrás de que se trataba si no te animas a hacerlo.

Ten fe. Una vez te sintonices con toda la ayuda que desde el cielo Dios te brinda a través de tus ángeles y hagas uso de todos los recursos que en tu interior ya cuentas,  te sentirás maravillado con todo lo que puedes lograr. Que la duda no sea tu armadura ni tu mecanismo de no acción. Descansa depositando tu inseguridad en manos de tus ángeles que son los intermediarios para entregarlas al Padre. Si como decía al principio, tus pies parecen no moverse, extiende tus alas y parte seguro. ¿Existe acaso algo imposible para Dios?

El señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. Salmo 18:3

Elijo a Dios y deseo su paz en tu corazón.

Martha Muñoz Losada

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