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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 17 de Noviembre de 2013.

Todas las formas de felicidad y éxito son aspectos de Dios. Lo que deseas con tus pensamientos, sentimientos y emociones es lo que recibes. Si sientes incertidumbre, te alineas con la energía de la duda. Si estas ansioso, te sintonizas con la energía de la preocupación. ¿Por qué no mejor reemplazar esto con confianza, certeza, optimismo y éxito divino? ¿Eres consciente de que eres co-gestor de tu éxito? Dice una ley universal, que solo se consigue atraer lo que ya se posee.

No se trata de privarnos, renunciar o de sacrificar algo para obtener éxito. No es de “trampear“ al otro, tampoco de suerte o inteligencia. La competencia literalmente vive dentro de ti, el gran opositor es tu propio ego. Cada uno de nosotros merece el éxito divino y es nuestra responsabilidad reclamarlo, como una herencia que nos corresponde.

Generalmente, cuando de éxito se habla, bastantes piensan en dinero y fortuna. Pero el éxito se refiere a todo lo que hacemos, al sentirnos felices y a gusto en cada área de nuestra vida:  a tener tiempo para compartir y disfrutar. De manera que es más bien una definición personal. Para algunos puede significar consecución de logros o títulos, para otros llegar lejos o subir posiciones.

Existen algunas premisas universales que hoy te sugiero considerar, para alinearte con el universo y sentirte exitoso.

Cero arrogancia, cero egocentrismo

Concibe tus ideas, prioridades y negocios no solo en función de ti mismo, sino con un propósito superior y resplandecerán. Cuando piensas en ti únicamente, cuando quieres avanzar tu solo, tu éxito se detiene. Si piensas en los demás, tu creatividad aflorará. Pásatelo bien; no solo es hacer dinero, es disfrutar y aportar a la humanidad. Es servir con amor. Es ayudar a otros a engrandecer sus vidas. Esto abrirá tus canales de abundancia.

Recuerda: sirve a otros y te servirás a ti mismo. Beneficia a otros y te beneficiarás. Comparte con gusto y todo el bien que haces te será devuelto multiplicado. Probablemente no de la misma manera o de la misma persona a la que diste, pero definitivamente, si se magnificará en bendiciones para ti y los tuyos.

.e es importante para ti, primero lo primero. Lo otro llPrioriza y si se requiere pide ayuda

Piensa en esto: ¿Utilizas el tiempo eficiente y productivamente? O, ¿vives estresado, ocupado, corriendo en asuntos sin prioridad alguna o desconexión con tus sueños, haciendo lo que caiga? Concéntrate en lo que es importante para ti, primero lo primero. Lo otro llegará por añadidura.

Valórate y valora lo que haces. Si no lo haces, ¿cómo puedes esperar que los demás si lo hagan? Permanece entusiasta y si lo necesitas pide ayuda. Claro, si quieres ser ayudado, coopera permaneciendo abierto a recibir, a comprender y sobretodo a actuar. El consejo puede venir de la forma menos esperada, del lugar menos sospechado, de la persona menos imaginada.

La energía del dinero

No hay nada “malo” con el dinero. Lo desacertado es la energía con la que se le maneja. Si piensas que el dinero y todo lo que de él procede es “sucio”, pues tan sencillo es que cuando a ti llegue, se esfumará; no querrá quedarse para no “ensuciarte”.  Lo que no se aprecia simplemente se va. Además, las cosas por si solas no tienen significado. Somos nosotros quienes se lo asignamos.

Codicia, poder, engaño, deshonestidad, orgullo, soberbia, ahí están las trabas. Mejor encontrarle un sentido acertado al dinero y permitirnos disfrutarlo.

Se flexible y despréndete de tu pasado

Es genial fijarnos objetivos, pero no nos enmarquemos en ellos. Hay que estar dispuestos a ser flexibles y a modificarlos si es pertinente. Todo cambia. Ciertamente, nosotros y nuestras metas no son la excepción.

Olvídate del viejo dicho de que todo tiempo pasado siempre fue mejor. Esa si que es una artimaña de la mente para desenfocarte y sumirte en melancolía. Hay quienes se entristecen de que antes fueron exitosos, de que lo tuvieron todo y que ya nunca volverá a ser igual.No te despistes ni te duermas al volante. No te rindas ni tires la toalla en el último instante; podrías estar a milímetros de alcanzar tus sueños. Ya lo he escrito antes, se cauteloso porque el ego infla y desinfla también.

Bendice y agradece

Bendice en silencio a tus clientes, a tus proveedores, a tus pacientes, a tus empleados, a las personas que te sirven. Tus vecinos y por qué no a tu competencia.

No envidies el éxito de los demás. Dice Marianne Williamson: “lo que mentalmente no permitimos a los demás, nos lo negamos a nosotros mismos. Lo que bendecimos en los demás, lo atraemos hacia nosotros”.

Confía

Tu socio principal en todo lo que emprendas es Dios. Ten mucho cuidado y no caigas en la trampa de creer que tú y solo tú, eres el creador de tu éxito. No desconozcas a Dios ni  a la intervención divina, porque la luz que creas se irá al ego. No tienes que perseguir nada. Las cosas llegarán a ti en la medida que comprendas y aceptes, que lo que llegue es perfecto y para tu mayor beneficio.

Se consistente contigo mismo y consagra todas tus actividades a Dios. Confía en un Poder Supremo, en ti, y despreocúpate por el qué dirán. Dice Paulo Coelho, que si no te importa lo que piense la gente, ya diste el primer paso hacia el éxito.Y acuérdate que, lo único imposible es aquello que no intentas.

Entre lo que has leído de esta reflexión hasta este punto, analiza qué aspectos sabotean tu éxito. Porque no es que no tengamos oportunidades. A todos se nos presentan. No es solo pedir un nuevo trabajo, otra relación, otro negocio, otro proyecto o cualquier otra cosa, porque si vamos a seguir actuando con la misma energía conflictiva de siempre, con los mismos patrones mentales de duda, fracaso y desesperación, simplemente no nos sentiremos triunfantes.

Ahí están los ángeles, nuestros amorosos consejeros e intermediarios prestos a cooperar. Invítalos, pide su ayuda:

“Hago mi ego a un lado, dispongo mi corazón y autorizo al poder amoroso y elevado de la jerarquía celestial, para que se manifiesten y me muestren la ruta a seguir”.

Para terminar, te comparto la siguiente oración:

“Dame Padre los recursos para ejecutar a cabalidad mi misión, la tarea que Tu me has asignado. Condúceme con bien para desarrollar y desempeñar mis dones. Te entrego y consagro mi vida personal y profesional. Que mis acciones sirvan al mundo, que aporten y ofrezcan bendiciones.

Yo solo/a, por mi propia cuenta no me muevo. Por eso te pido Padre que me guíes a través de tus ángeles. Que me conduzcan donde Tu quieras que yo vaya. Que me inspiren a decir lo que Tu quieres que yo diga. Y que me acompañen en las actividades que me corresponde hacer”.

Elijo confiar en que nunca me faltará. Señor dame por favor lo que me corresponde y merezco.

Martha Muñoz Losada

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