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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 03 de Julio de 2011.

Es una realidad: no existe nada más constante que el cambio mismo. Aunque todo y todos vivimos en continuo proceso de transformación y evolución, nuestra naturaleza humana es renuente al cambio. La principal causa: el miedo. Miedo a lo que otros piensen, a lo que pueda sucedernos o a salir de nuestra zona de confort. Afortunadamente contamos con la ayuda de los ángeles para atenuar, apoyar, agilizar y armonizar nuestro sendero mientras transitamos el cambio.

En lugar de desanimarnos, el juzgamiento o la oposición de las personas que nos rodean deberían alentarnos ya que no son más que el espejo de sus propios temores. Por otro lado, los impedimentos actuales son un reflejo interior de nuestro miedo al cambio por resistirnos a nuevas posibilidades.  Me refiero a pensamientos como: “yo ya no tengo edad para eso”, “en mi casa nadie lo ha logrado antes”, “eso no es para mí”, etc.  Además, respecto al éxito o al fracaso, recordemos que somos arquitectos de nuestros días; lo que significa que el universo responde a las vibraciones que emitimos a través de nuestras emociones ya sean de alegría y confianza (por el triunfo) o de angustia e incertidumbre (por el fallo).

Probablemente te estarás preguntando: ¿y qué es eso de la “zona de confort”? En palabras sencillas, la zona de confort es ese espacio en donde, como dirían algunos, “más mal que bien nos sentimos, pero aquí nos quedamos”. Lo desconocido nos parece intimidante porque desafortunadamente en nuestra cultura ha primado la filosofía de los adagios populares de “más vale malo conocido que bueno por conocer” o “mejor pájaro en mano que cien volando”. La zona de confort se asimila también a un muro o a una cerca inconsciente de creencias o actitudes que no nos atrevemos a “saltar o derribar” por miedo, ya sea inculcado en nuestra familia a través de las distintas generaciones o adoptado, debido a desaciertos del pasado.

Pero, ¿quién no se ha equivocado? Además, que hayas fallado antes no significa que volverá a pasar. Así que no te culpes ni culpes a otros por errores previos. Mejor evalúa sin juzgar,  piensa en todo lo bueno que aún está por suceder y decídete de una vez a efectuar los cambios sin preocuparte por lo que viene. Confía, suelta y pon todo en manos de Dios. Como dice el evangelista Mateo 6:34 “….cada día trae su propio afán”.

Hay quienes pueden clasificar algunos cambios como obligados y otros buscados. Pero en realidad nada ocurre al azar. Forzado o consentido, todo cambio generalmente es para bien y tiene una razón muy poderosa de ser. De manera que si se encuentra ante ese tipo de cambios sobre los cuales aparentemente no se tiene control, lo mejor es no oponerse y fluir con ellos. Mantener una actitud flexible, adaptarse a las nuevas circunstancias y ver las cosas desde otra óptica también ayuda.

Otra fuente de cambio es el descontento interior, lo cual es una muy buena señal de que algo no está funcionado y que definitivamente un cambio es requerido.  El hecho de hacer conciencia de ese aspecto que te molesta y ya no quieres más, es un avance. De manera que actúa en concordancia con tu intuición, con tus sentimientos. Piensa que no eres el único ser en la tierra tratando de cambiar y que no tienes por qué luchar solo. Recuerda que cuentas con la ayuda de tu equipo angelical. Apóyate en ellos, resguárdate bajo sus alas de amor y luz.

Para trabajar este tema con tus ángeles guardianes, te recomiendo el siguiente ejercicio:

Tómate un tiempo, busca un lugar tranquilo, relaja tu mente respirando profundamente varias veces, piensa en tus ángeles de la guarda y conéctate con ellos haciéndoles estas preguntas: ¿En qué áreas de mi vida necesito un cambio?, ¿Qué tipo de cambio?, ¿Cuáles son los pasos que debo seguir?

Espera un momento entre cada interrogante y permanece alerta a escuchar con tu corazón el consejo de tus ángeles. Cualquier sensación, sentimiento, emoción, palabra, idea, imagen, etc. es válida. No desvalorices nada ni piense que tú mismo te estás contestando. De hecho, eso es justo lo que tu ego desea que creas.

Borra de tu mente cualquier duda de si serás escuchado y haz a un lado tus expectativas respecto a la forma y al tipo de respuesta que recibirás. No actúes como el paciente que le sugiere al médico el diagnóstico y la medicina que debe formulársele.

Si no puedes comprender el mensaje de tus ángeles, te sientes ansioso o temeroso, pídeles que te tranquilicen y que te entreguen la guía celestial de manera clara con señales que tú puedas reconocer y entender fácilmente.

Visualiza tu meta y siéntete ya allí porque te lo mereces. Sonríe y alégrate por haberlo logrado. Para terminar, no olvides agradecer el contacto y despídete de tus ángeles sintiéndote inmensamente feliz y convencido de que tu plegaria fue escuchada y que la ayuda ya está en camino.

Ahora, si de arcángeles se trata, los especialistas en cambios son: Miguel, Jeremiel y Uriel. Trabaja con el Arcángel Miguel para que te de valor y fortaleza a la hora de tomar decisiones. Con el Arcángel Jeremiel para efectuar la revisión de tu vida y evaluar esos aspectos que requieren ser modificados. Y si el cambio que te concierne es a nivel colectivo o planetario, el Arcángel a invocar es Uriel.

Mi recordatorio final es que las oportunidades tienen fecha de vencimiento y todo tiene su tiempo. No permitas que el tuyo se pase. Nadie puede hacer los cambios por ti. Los ángeles te pueden orientar dándote una especie de carta de navegación, pero es tu decisión. ¡El que navega eres tú!

Martha Muñoz Losada

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