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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 07 de Octubre de 2012.

El día que alcance este sueño, que compre mi casa, que tenga mi carro, que sea mamá (papá), que encuentre a mi alma gemela, que me gane la lotería, que viaje, que me libere, que me alivie, que me practice esa cirugía, que me asciendan, que cambie de trabajo, que vea a mis hijos graduados, que sea dueño de mi propio negocio, que el/ella me diga que si o vuelva conmigo, etc.

¿Cuál es tu condicionamiento?

¿Qué es eso que necesitas para sentirte pleno?

¿Es realmente indispensable?

¿A qué le estás cediendo tu poder de ser feliz ahora mismo?

No es precisamente ese deseo no alcanzado aun el que te mantiene bajo de ánimo y descontento. Es la ansiedad y el miedo de que no se cumpla o que no lo logres, añadido al hecho de empecinarte, lo que retarda su manifestación.

Y no es que sea negativo tener sueños, todo lo contrario, hay que ponernos metas. El problema está en quedarse divagando por el futuro perdiéndote tu hoy, pegado a una expectativa o a un resultado. Porque entre más te aferres a eso que tu mente considera que es lo que tú necesitas para ser feliz, más se demorará en ocurrir. Entre más centres tu atención en lo que careces, más te alejarás de él. Entre más te resistas a ver y agradecer lo que ya tienes, menos lo disfrutarás.

“La necesidad tiene cara de perro”, se escucha decir mucho aquí en Colombia. Eso justamente, la etiqueta de necesidad, es lo que te coarta a soltar y fluir, y en últimas, a dejar que suceda. El creer que necesito o dependo de esto o de alguien para avanzar. El apegarse desde la impaciencia o la terquedad y no ver la óptica completa del ahora y su bondad. Piensa en esto: si no eres feliz y agradecido por todo lo que hoy ya tienes, tampoco lo serás con lo que consideras te hace falta.

Porque buscamos a Dios, queremos respuestas, felicidad, salud, abundancia, paz, amor y golpeamos distintas puertas con diversos nombres (doctrinas, sistemas, ideologías, gurús espirituales, seminarios, etc.) esperando escuchar algo que nos conecte, que nos devuelva eso que consideramos perdido o ausente, desconociendo el hecho de que todo lo que realmente necesitamos ya nos ha sido dado y que el Padre ya habita en nuestro interior.

“Si tuviera la oportunidad”, “si estuviera en ese sitio que anhelo, en el tiempo que sueño”. No sobredimensiones lo que no tienes. Desea pero no te obstines, sueña pero no restrinjas. No te dejes atrapar por la desesperanza o el pesimismo. Te aseguro que las oportunidades aparecen a menudo, que estás en el lugar que elegiste y que el momento para ser feliz es hoy. Requisito: voltear y observar a tu alrededor, contar tus bendiciones y agradecerlas. “No las veo”, me dijo alguien. Bueno, el ego aparte de ciego es inconforme y desagradecido.

“Necesito un cambio en mi vida” es otra frase común en el ambiente y ¿sabes quién es el motor de ese cambio requerido, quién debe asumir el mando y ser el director de su propia orquesta? Tú mismo. Aparte de colaborar con tu actitud de confianza y desapego, ámate y actúa. Vi una entrevista muy interesante a una personalidad mundial y le preguntaban: ¿cuál es tu secreto para verte tan feliz, qué es lo que tomas? Y él sonriendo contestó: ¿qué tomo? ¡Decisiones!

Así que, toma la iniciativa y empieza por aprovechar lo que ya tienes. Arranca de tu obsoleto diccionario mental la hoja que contiene las palabras: imposible, infelicidad e ingratitud y en su lugar, escribe en una página nueva:

Yo experimento al máximo este momento y me decido a ser inmensamente feliz, aquí y ahora. Me merezco lo mejor, doy gracias a Dios y a los ángeles porque lo que sueño me encuentra y llega a mi sin dificultad. Actúo, deseo pero no me apego a la manera como venga y disfruto mientras se da. En el presente soy feliz, en el futuro también lo seré. Hecho está.

Crea tu mañana actuando en el presente y no esperes a que se te den todas las variables para dar el paso y mucho menos autorices a la mente vaciladora para que te ordene el método ni te de instrucciones; sencillamente, hazlo. Tienes un potencial enorme y a tu disposición, posees muchos seres de luz prestos a ayudarte, a darte el empujón que desde tu corazón te anima. Porque desde el cielo tienes toda la asistencia que pidas: los ángeles te impulsan y te dan ideas, pero tú eres el que las debes ejecutar. La tarea es tuya.

Todos los que en este momento habitamos el planeta Tierra somos almas valientes y guerreras. No por nada elegimos vivir en esta época de evolución, hacia y desde el amor. Nuestros ángeles lo saben y nos apoyan. En lugar de delimitar tus sueños a un concepto rígido y único sobre lo que necesitas para ser feliz, pide a tus ángeles elevar tu conciencia y elige sentirte dichoso hoy mismo.

Bendiciones de amor y luz.

Martha Muñoz Losada

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