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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 21 de Abril de 2013.

Tuve la fortuna de que mi vida se cruzara con la de una maravillosa mujer, canal de ángeles también, que nos visitó en Colombia. Su nombre: Jeanlight Osilia, su nacionalidad: venezolana. En su estadía en Bogotá, Jeanlight me invitó a que la acompañara en consulta. Este artículo, que se publica en dos partes, es una compilación de los aspectos que con mayor recurrencia encontré en las sesiones.

Gracias Jeanlight por tus enseñanzas, gracias por autorizarme a difundirlas. Gracias a todos los amorosos pacientes por su disposición y apertura. Gracias Dios por la oportunidad, gracias ángeles por orquestar nuestro encuentro.

Este tema de las emociones humanas es colosal. Dios se expresa a través de nosotros, sus hijos. Cuando nos permitimos creencias que no proceden de Él, éstas se instalan en el cuerpo. Y todo lo que impide el flujo de la energía vital,  restringe nuestra felicidad, nos desconecta de la tierra, perdemos el sentido de la vida y nos enfermamos.

A continuación una breve descripción de algunas de estas formas de pensamiento:

Voluntariedad

A nivel del talón, se ancla la energía de la voluntariedad; esto es contrario a alinearse con la voluntad de Dios. Cuando por capricho se quiere que todo el mundo haga lo que uno dice o las cosas no salen conforme a nuestro deseo, entonces se les asigna la etiqueta de “no me sirve”.

Esto nos hace enojar. Es como una pataleta infantil y probablemente funciona cuando somos niños, pero de adultos se sufre mucho en lo físico y en lo emocional si no se trabaja esto. La persona puede sentir que todo el mundo está en su contra, que nadie lo quiere.

Esta energía no es acertada, genera espolón calcáneo. Sentimos que cualquier zapato maltrata, pero es la voluntariedad la que procura eso. Debilita el talón de Aquiles  y produce dolores que suben desde allí, hasta la pantorrilla e incluso los glúteos.

Sobreesfuerzo & Lucha

“Yo que tanto me esfuerzo y me sacrifico. Yo que le pongo tanto empeño y que hago tanta cosas…”. Este tipo de creencia, tiene su raíz en la suposición de que en la vida hay que luchar mucho y que le toca a uno solo.

Tienes dos opciones: pensar así o elegir admitir que Dios te ha puesto todas las oportunidades para alcanzar lo que te has ganado. “Yo reconozco y agradezco que todo lo que soy y tengo procede del Padre”.

El sobreesfuerzo y la lucha son energías muy similares en el sentido de que desconocen la presencia de Dios en nuestros logros. El sobreesfuerzo hace que se sienta uno cansado, dificulta el retorno venoso y produce várices y hemorroides. La energía de lucha saca juanete, dañando los meniscos de los dedos de los pies.

Deshecha de tu vida el argumento de lucha. Cuando las cosas vienen de Dios, llegan sin brega, no lo olvides: tenemos un Padre bueno y bondadoso.

“Señor ponme en la ocasión y en la oportunidad de lograr este objetivo sin lucha ni esfuerzo. Hasta hoy había pensado que yo tenía que hacer todo solo. Ahora te invito a Ti, ayúdame. En ti me encomiendo. Gracias”.

Resentimiento

Si no hubiera sido por (tal cosa/persona) yo estaría mejor/en otro lado.”

La energía de resentimiento estanca y nos deja mirando hacia atrás, nos ancla en el ayer, en ese “mal evento” que sucedió en el pasado o “mala persona” que conocimos. Esto nos impide estar en tiempo presente y obviamente avanzar hacia el futuro.

Este tipo de energía como mínimo ocasiona que se entierren las uñas de los dedos de los pies y puede conllevar a molestias más fuertes como la artritis y deformaciones en los mismos dedos. El resentimiento es muy dañino y dependiendo de su fuente, crea sucursales en distintas partes del organismo generando cambios celulares (cáncer). Lo mejor es dejar ir, perdonar, soltar y seguir adelante.

Negación – Resistencia – Culpa

A veces nos embarga la sensación de estar atrapado dentro de una circunstancia que ya pasó. Bueno, todo lo que ocurre es voluntad de Dios. Es no querer ver, negar la situación, resistirse a aceptar y empeñarse en buscar culpables lo que aprisiona.

Con tanta pregunta acerca del ¿por qué sucedió?, ¿quién tuvo la culpa? o ¡esto no me puede estar pasando a mi!, se pierde tiempo y energía que realmente se debe usar para aceptar o encontrar una solución. Entre menos cuestiones y actúes más, te liberas. Mas adelante comprenderás la lección de ese episodio en tu vida, así que no pierdas tiempo cayendo en este absurdo triángulo de emociones.

Para tu información, la culpa eleva los triglicéridos y el colesterol. Cuando se culpabiliza se deja de amar. La negación y la resistencia se ubican sobre los intestinos. La culpa en la parte de atrás del hígado y la rabia e irritabilidad en su parte delantera. Se escucha a veces de personas diagnosticadas con cirrosis y que no toman licor. Lo que realmente enferma al hígado es la rabia. Obviamente, el alcohol ayuda porque aflora lo peor de las personas.

Al hacer conciencia de su origen, los ángeles nos pueden ayudar a retirar estas energías mal calificadas, si se los pedimos. Ellos amorosamente nos colaboran, pero es nuestro compromiso no volverlas a instalar.

“Elijo el amor de Dios y de los ángeles por encima de cualquier emoción humana. Quiero amarte Padre, quiero respirarte, quiero iluminarme en Ti. Contigo todo mi ser recuerda quien soy”.

Martha Muñoz Losada

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