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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 03 de Agosto de 2014.

Pensando en cuál sería el tema de mi siguiente artículo, en conversación con un amigo surgió el comentario de lo traviesos, amorosamente hablando, que pueden llegar a ser los ángeles. Y es que, como ya lo he dicho tantas veces, son tan creativos que se ingenian y orquestan situaciones que aparentemente no entendemos pero que conducen siempre a ayudarnos.

“Cuenta algunas de esas cosas que te han sucedido”, me dijo mi amigo. Y es por ello que las comparto. Estoy segura que muchos han vivido condiciones similares.

Como la vez que llegué a casa de mi mamá en Bogotá. Ella estaba preparando una caja con unos regalos para enviar a mi hermana en Barranquilla. Estaba prácticamente lista, muy ordenada como acostumbra a hacer todo mi mamá. Pero de repente yo sentí la instrucción en mi mente de que debía revisar la caja. Y comencé a vaciar su contenido.

Mi mamá me miraba desconcertada y preguntaba por qué estaba haciendo tanto reguero. Yo lo único que respondía era “no sé”. Y continuaba armando desorden, sacando y poniendo en el piso. Tremenda sorpresa nos llevamos al llegar al fondo y ver que algunas cosas faltaban. Fue la manera en que los ángeles nos ayudaron a descubrir que una persona que trabajaba con mi mamá estaba, ya desde hace varios días, hurtándole.

Otro día iba manejando por la autopista norte en Bogotá, rumbo a mi casa. Algo me afligía, ya ni recuerdo. Pedí a mis ángeles que me ayudaran y se llevaran esa emoción. No habían pasado más que unos pocos minutos, cuando comenzaron a poner en mi mente imágenes de una situación bochornosa que había vivido meses atrás.

En su época, nada gracioso me había parecido. Sin embargo, en ese momento me lo mostraban tan diferente. Era como si estuviera viendo la misma película pero con otros lentes, bajo su visión. Era tan chistoso; no se alcanzan a imaginar las carcajadas que solté y lo rápido que la pesadumbre se esfumó. Así son los ángeles, geniales en su forma de actuar.

Una mañana que debía salir temprano inexplicablemente sucedieron cosas que dilataban que me fuera. Primero llegó una visita que aunque corta, no estaba esperando. Una vecina también me retrasó contándome algo, luego el celador del conjunto me pidió un favor, finalmente el celular se me perdió para luego aparecer misteriosamente en un sitio donde ya lo había buscado.

Ahí estaban los ángeles, impidiendo que saliera de mi casa. ¿Cuál era la razón? Bueno, una llamada muy importante a mi número fijo, con una noticia excelente que le dio un giro súbito a una situación que estaba viviendo. Solo yo estaba en casa, de haberme ido, nunca lo hubiera sabido.

Habitualmente me sucede con el celular: se queda sin servicio y no funciona para nada. Claro, la mente egóica pudiera hacerme creer que es falla del proveedor o del aparato mismo. Es más, hubo veces que hasta lo desarmaba con desespero. No, lo que los ángeles me quieren decir es tan solo que es tiempo de desconectarme del mundo para conectarme con mi interior y prestarle atención a lo que verdaderamente importa y me hace feliz. También me pasa con el radio, que se apaga para que me concentre en mi lectura o cuando estoy escribiendo.

Hace tan solo unos días, una noche de viernes recibí una llamada. Una voz de una mujer muy joven me decía que quería verme en consulta. Estaba en su oficina; su lugar de trabajo dista muchos kilómetros del mío. Se sentía triste y acababa de entrar al baño. De pronto, ahí, tirada en el piso, encontró una de mis tarjetas personales. Para ella fue una señal. Los ángeles nos conectaron.

Tendría mucho por escribir y contar. Estas son anécdotas que cotidianamente me acompañan. Piensa ahora en lo que a ti te ha sucedido. ¿Acaso no has vivido uno de esos días en los que tenías aparentemente programado un montón de asuntos y sucedió algo que trastornó tus planes y terminaste haciendo cosas totalmente diferentes? Era lo que el cielo tenía previsto para ti ese día. Así de simple.

También me pasó hace poco que llegué a un sitio cerrado a una hora que no era habitual estarlo, no pude comprar lo que quería y luego lo conseguí más bonito y a mejor precio, en otro lado. ¿Has vivido algo así? O esa vez que estabas tan preparado para una entrevista o un examen y no te fue “bien”, no pasaste y te sentiste decepcionado. ¿Pudiste entender que algo mejor venía para ti?

Mientras escribo, recuerdo cuando estaba buscando local. Encontré uno que creí adecuado. Hoy en día reconozco que no lo era: el tamaño, el alquiler, la disposición, la ubicación, nada me convenía. Sin embargo, yo estaba emocionadísima.

Afortunadamente para mí, no lo aprobaron. Me llamaron de la inmobiliaria y aunque en un principio el funcionario no sabía que decirme, muy elegante y sutilmente finalmente me confesó que al dueño no le había gustado mi perfil, por mi ocupación, porque eso de los ángeles eran cosas “raras”. Respetable opinión. Así que cuando algo difiera de lo que esperabas, agradece y no te resistas. De seguro es lo que te corresponde en ese momento. Mi local era otro.

Puede uno a veces hasta sentir como si le pusieran zancadilla y el ego hacernos creer, que nada está saliendo. Un viaje que se pospone o se cancela, un proyecto que no se aprueba, una relación que no funciona, un desplante, el crédito que no se autoriza, en fin.

No te desilusiones ni te frustres. Los ángeles obran siempre en tu beneficio. No te opongas. La próxima vez que te suceda algo así, respira, agradece, suelta y fluye. Ellos te guían bien, ellos si conocen el propósito de las cosas y saben lo que es mejor para ti. Lo tengo claro y comprobado.

Gracias ángeles por su amor y compañía.

Martha Muñoz Losada

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