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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 14 de Septiembre de 2014.

De niña me caractericé por ser una buscadora. Muchas cosas llamaban mi atención, investigaba, exploraba. Algunas me seducían más que otras, pero también es cierto que bastantes dejaba iniciadas.

Si hablamos de búsqueda espiritual, aparentemente también son diversos los caminos que se presentan (aunque en realidad solo es uno), muchos los recursos con los que contamos para regresar al Hogar. Sin embargo, en el recorrer podemos nosotros mismos estancarnos. Golpeamos tantas puertas, nos gusta lo que se nos ofrece, pero no nos atrevemos. O si entramos, rápidamente salimos.

Dice Marianne Williamson que “bajo la dirección del ego andamos siempre en busca de algo y sin embargo continuamente saboteamos lo que hemos encontrado”. Muy cierto, ya no insistamos en esta sociedad con el ego, o lo que es lo mismo: con el miedo.

Leí además en el muro de Facebook de una amiga, una cita de Hugo Finkelstein: “Todos hablan de libertad, pero ven a alguien libre y se espantan. O como me dijo alguien: se abre la jaula y aún no sabemos cómo salir de ella.

Más o menos la instrucción del ego es del tipo: “busca pero no encuentres. Y si por casualidad llegas a encontrar, duda mucho, cuestiona. ¿Qué tal que no sea para ti? Mejor quédate ahí con lo conocido, quietico indefinidamente…Si te seduce la paz y la encuentras, yo muero”.

Es como cuando uno ve los niños jugando en la playa, tratando de llenar los hoyos que han construido, trayendo agua del mar con el mismo juguete que usan para cernir la arena. Corren de lado a lado con el líquido y llegan sin nada.

En esta lección quiero dejar la semilla del “encontrar” sembrada en los que como yo, hemos sido buscadores. Ya es hora de cimentar, de quedarnos con eso que resuena en nuestro corazón, pero sobre todo de aplicarlo.

Porque a veces entramos en un afán desmedido por hacer cursos, por aprender técnicas, por leer muchos libros. Está muy bien invertir en tu crecimiento. Pero ve más allá. No te quedes sólo con la teoría. Analiza qué remueve en ti esa información y atiéndelo.

Conversando con un amigo acerca de este tema, hizo una analogía que me parece pertinente, grafica muy bien esto…Me dijo: “Buscar, buscar y buscar…es como cuando uno comienza a abrir, abrir y abrir ventanas en el computador. Llega un momento en que se bloquea”.

Son muchas las herramientas que te indican el camino, te muestran para dónde ir y es a ti a quien te corresponde caminar. Tranquilo, estás acompañado. Donde quiera que vas, llevas a Dios y los ángeles contigo.

Entre otras cosas, el trabajo de los ángeles es precisamente ayudarnos a recordar lo que siempre hemos sabido, a encontrar eso que ya está dentro nuestro, porque nadie sabe mejor que uno mismo lo que necesita en cada momento.

La luz de Dios en nuestro interior nos muestra y nos centra. Conectados con la Fuente Divina, emitimos y vibramos diferente. En tu caso particular, ¿qué es lo que te ha estado desviando?

Todo lo que emprendas con los ángeles en tu mente, lleva implícito el sello y la aprobación de Dios. Y tendrá el fin que Él ya tiene previsto. Ningún hijo de Dios es excluido de Su Santo Amor. Y no me canso de decir, que Él jamás nos abandona. Somos nosotros quienes a ratos lo perdemos de vista.

Dios es amor, los ángeles y nosotros somos sus creaciones amorosas, por ello también somos amor. Y obviamente, el Amor siempre responde al amor. Si estás en tu búsqueda personal, quieres darle sentido a tu vida, los ángeles son tus excelentes aliados. Ofréceles un espacio dentro de ti, en donde ellos puedan actuar y tú descansar tranquilo. ¿Sabes a qué me refiero? A la mente justamente.

Tú, planta tu intención y reafirma tu voluntad de encontrar lo que ya hace parte del Plan Divino para ti. La Voluntad de Dios para todos es que seamos felices. Y Él nos provee los medios y todo cuanto sea necesario para ello.

Ten cuidado, de nada sirve que emprendas la búsqueda sino sabes para donde vas, lo que se traduce en no saber lo que se quiere. Define y arranca. No tienes nada más que hacer, excepto no interferir, con tanto miedo y creencia. Dios no exige sacrificios. Eso es algo que yo misma he tenido que trabajar.

Todos estamos prácticamente en lo mismo y entre todos daremos el gran salto. Porque cada uno de nosotros alumbra el camino de otro. Esto si que es maravilloso, no nos limitemos a ser buscadores de luz sino a aportar y expandir la luz. Los que deseen ver, verán. Es una promesa del cielo.

Así que, pon en práctica, aplica lo que has estudiado, vivéncialo. Que no se nos pase la vida, ahí esperando. No tenemos que hacer nada distinto que amar. El camino más largo es quedarse detenido.

Bendiciones de amor y luz.

Martha Muñoz Losada

 

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