Etiquetas

, , , ,

Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 09 de Septiembre de 2012.

Leyendo un comentario que hizo una persona en una de mis publicaciones en Facebook, recibí el mensaje de escribir en esta oportunidad, sobre cómo armonizar nuestras relaciones ya sean laborales, profesionales, familiares, con vecinos, de amistad o de pareja, etc., ya que cada ser con quien interactuamos se refleja en nosotros, mostrándonos aquello que podemos cambiar.

Somos poderosos co-creadores de todas las situaciones que vivimos. Así como tenemos el poder de crear, también podemos solucionar y transformar nuestras relaciones. No se vale hacerse la víctima ni culpar a los demás de nuestras heridas. Reconocer que cada indisposición que nos ocurre con otra persona es elegida por nosotros mismos, tomar responsabilidad por ello y sanarla, nos reconecta de nuevo con nuestro espíritu y nos permite evolucionar.

No siempre el amor es compatible con la forma como transcurren nuestras experiencias, ni con cómo se desarrollan nuestras relaciones. Atraemos lo que somos, de manera que si el conflicto está rondando tu diario vivir, es momento de sanar y armonizar tu interior encargándote de aliviar esas heridas, que al ser tocadas por otros detonan tus memorias de dolor.  Si no lo haces, seguirás vibrando en disonancia y enfrentándote con diferentes personas hasta que te reconcilies contigo mismo.

Los ángeles te ayudan, si es tu deseo, a armonizar tu interior para llevar sanación a tus relaciones. Si de resolución de conflictos se trata, desde el cielo contamos con el Arcángel Raguel, quien es una maravillosa combinación entre abogado, mediador, consejero y motivador. Invócalo y pídele su intervención para resolver diferencias. Acepta la voluntad de Dios y ora por una solución armoniosa y benéfica para ambas partes.

El ego siempre va a elegir la incomunicación, así que no caigas en su juego. Si es posible, halla la manera de hablar con esa otra persona. No dilates conversaciones pendientes, ni tampoco hagas supuestos. Dialoga con tranquilidad, sin afán ni arranques. Sigue el consejo del papa Pio XII (1857 – 1939) quien decía que antes de entrevistarse con alguien con el que él consideraba podría tener diferencias en sus ideas, le solicitaba a su ángel de la guarda que hablara primero con el ángel de la guarda de la otra persona.

Si no tienes chance de conversar ya con esa otra persona, pero en tu mente persiste el enfrentamiento, acude a la ayuda angelical. Para empezar, ponte en actitud de oración. Solicita a tus ángeles de la guarda y a Raguel que te rodeen con un capullo de luz blanca para que alcances la frecuencia vibratoria que necesitas para aliviar definitivamente esta circunstancia. Respira varias veces pausadamente y piensa en esa persona con quien te sientes en desarmonía.

Imagina que tus ángeles te ponen al frente un tablero. Escribe allí detalles de lo que ha generado indisposición entre ustedes y enumera cinco, hasta siete aspectos que te molestan de su comportamiento. Luego, anota también cinco a siete cosas que no te gustan de ti mismo. ¿Encuentras similitudes entre ambas listas? Probablemente varias. Si no las hallas, pide a tus ángeles que tu ego se haga a un lado, para que de corazón evalúes. Puede suceder que te comiences a decir, pero si yo no soy deshonesto, si no soy mal amigo, si no soy esto o lo otro. Si es el caso, analiza entonces qué puede haber en tu subconsciente, que está ocasionando que atraigas este tipo de individuos a tu vida.

Ahora, visualiza a esta otra persona y deja que las sensaciones lleguen. Permítete sentir su incomodidad sabiendo que aparecerán y que con el apoyo de tu equipo celestial esta será la ultima vez que las sentirás; porque con su ayuda, la tristeza, la rabia, el resentimiento y la frustración se esfuman. Entrégaselas.

En el siguiente paso, asume que eres la otra persona. En un curso que tomé hace años, en meditación nos pidieron adoptar la posición de la persona en cuestión, como si nos metiéramos en su “cuero” por así llamarlo. Obviamente, pidiendo con nuestra intención su autorización para usar su energía. Fue una experiencia impresionante, jamás me había sucedido algo similar. Había tanto dolor en su interior, tantos asuntos por resolver que yo sentía que eran muchos para ese cuerpo que físicamente no era tan grande; como que no lo podía soportar. Sentí una gran compasión por ella. Fue un instante santo, mis juicios desaparecieron y me sentí en paz.

Siguiendo con el ejercicio, reconoce que debes liberarte de una vez y permite que el amor infinito de Dios a través de tus ángeles lo haga. Ora con tus propias palabras. Mi sugerencia es: “Padre, en este momento te entrego esta situación de desarmonía entre (menciona tu nombre y el de la otra persona). Por mi libre albedrío elijo mi libertad, me libero y libero a esta otra persona de mis sentimientos. Decreto que el amor me rodea a donde quiera que voy. Quiero estar en armonía y para ello elijo dejar de pensar que los demás son los equivocados”.

Ofrece tu perdón hacia la otra persona por haberla escogido en tu camino y por haber sido el medio que tu necesitabas para sanar tus memorias de dolor. Bendícela, agradece su existencia y honra la divinidad en su interior, entendiendo que es otro ser humano aprendiendo igual que tú e imagina que tu corazón se expande y se conecta con el suyo. Percibe que ambos se encuentran rodeados por la luz y el amor de Dios.

Afirma que el conflicto ya está resuelto. Que eres el amado hijo de Dios, amante de Su Paz en tu corazón. Observa la situación a través de los ojos del Creador y de los ángeles. De esta manera, mirarás por encima de la superficie para reconocer la belleza y la luz que brilla dentro de cada uno de ustedes. Finalmente, agradece al Padre y a tus guías celestiales, la sanación que ya te ha sido concedida.

Hay algo que no he citado y tiene que ver con las expectativas. Nos atormentamos con el “tanto que yo esperaba, tanto que entregué y recibí a cambio nada”. Recuerda que el amor no exige y acepta que tus expectativas son tuyas y de nadie más. No culpes a otros si no te satisfacen. Ya es tu responsabilidad inicial el haberlas creado. Además, cuando descalificas a alguien, al que le estás dando crédito es a tu ego y ya sabes el torbellino de emociones negativas que esto genera: decepción, resentimiento, celos, sufrimiento, desarmonía total.

Opta por la paz en vez del conflicto. No tienes que participar en ninguna situación en donde se genere una lucha de poderes. Escoge la armonía, silencia tu mente y elige soluciones justas. Aún detrás de la hostilidad y el aparente desamor, encuentra a Dios en esa otra persona. Pide que tu nivel de conciencia ascienda y decreta no seguir haciendo las mismas elecciones.

Elijo a Dios y deseo su paz en tu corazón.

Martha Muñoz Losada

Anuncios