Etiquetas

, , , ,

Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 02 de Febrero de 2014.

Cada episodio que vives tiene una razón de ser y algo te está diciendo, algo tienes que aprender. Lo que aceptas te transforma, así de simple. Así que no dejes que las irritaciones y contrariedades de la vida te bajen el ánimo y te afecten. Cuando logras aceptar lo que acontece, sin resistencia ni reniego, encuentras la sabiduría.

La clave es aceptar las cosas como lleguen. Todo hace parte de la vida misma y siempre habrán sorpresas y asuntos “inesperados”. Pero Dios no nos da nada para lo cual no estemos preparados, todo es pieza fundamental de Su Voluntad y Plan Perfecto. De modo que permanece calmado y no trates de controlarlo. Toma la vida como se presente y disfrútala.

La aceptación es una herramienta divina que te devuelve la paz, ese estado interior que tanto deseamos. Pero ten cuidado, la aceptación nada tiene que ver con resignarse ni mucho menos con aguantar. La aceptación verdadera se asocia con la comprensión, porque entiendo que es lo mejor para mi.

En cambio la resignación, que por cierto proviene del ego, incita a que te paralices, a que no hagas nada. La aceptación proviene del amor y te conduce a que fluyas y te muevas hacia delante.  

De seguro habrás tenido la oportunidad de vivir de cerca algún caso en que como mínimo, a dos personas les está sucediendo lo mismo y la manera como cada uno acepta su experiencia, no solo desde la cabeza sino desde su actuar, marca el fin de su sufrimiento.

Es cierto, cada uno de nosotros decide como vive una situación. Si opta por la negación y el sufrimiento o por la aceptación, el perdón y la gratitud. Porque las que catalogamos como “pérdidas” también hacen parte de las “ganancias”. No quieras quedarte repitiendo una y otra vez la misma lección por no aceptarla desde el principio. No le apuntes a ser un especialista en la negación.

Siempre estamos en el lugar que nos corresponde, aprendiendo las lecciones que nos corresponden. Recibe alivio al comprender que invariablemente ocurre lo que tiene que ocurrir. Por su parte, al ego le molesta que estés en paz, de manera que va querer empujarte y llevarte a la desesperación, a la negación y a retrasar tu aceptación, eso hace que el gane. Así que no ayuda resistirte, ofuscarte o descontrolarte. Mejor pide a tus ángeles que amplíen tu comprensión de la situación. Aceptando y perdonando tú eres quien vence.

Una sugerencia:

“Me entrego y no me resisto más a lo que no es. Ahórrame Señor el dolor, el drama y la tragedia. Hoy elijo aprender, aceptando desde el amor. Amén”.

El Reino de Dios es un reino de amor e ilimitadas posibilidades. Su Presencia es incondicional, no excluye a nada ni a nadie. Está claro que donde el amor se ausenta, se hospeda el miedo. No le des espacio, ayúdate y déjate ayudar. Acepta, entrega y pon cualquier situación o relación en manos de Dios y sus ángeles y puedes estar tranquilo y confiado en que ya no será un motivo de sufrimiento.

Dice la francesa Annie Marquier, autora de “El poder de elegir”, entre otros: “la aceptación se convierte en el medio más rápido y práctico para liberarse de una situación difícil”.  Cuando aceptas, entregas. Pero debe ser una entrega honesta y verdadera. Libre de juicio, con humildad, respeto y confianza. Entregar es como vaciar la mente y permitir que sea colmada de amor y dirección divina. Es la manera de hacernos a un lado para que El que realmente lo puede todo, Dios nuestro Padre y Amigo, nos muestre la ruta y nos guie a través de sus mensajeros, los ángeles.

La aceptación es maravillosa, pero no la dejes aquí en el escrito. Practícala y sentirás sus bondades. Recobrarás tu energía vital y te ahorrarás mucho camino en el viaje de regreso al Hogar del Padre.

Lo puedes aceptar después o ahora mismo. ¿Qué camino eliges para aligerar tu aprendizaje?, ¿El guion de Dios, que es el mismo amor, o el guion del ego?  Este último, con sus artimañas siempre va a tratar de bloquearte para que no aceptes y no vislumbres las bendiciones que desde su posición trata de ocultarte. Tan solo recuerda que permanecemos eterna y continuamente en presencia del amor.

Puedes afianzarte diciendo:

“Ángeles, ayúdenme a retirar de mis ojos lo que no me permito ver. Ayúdenme a aceptar y ver el amor de Dios en esta circunstancia”.

Cuando recordamos que hacemos parte de Un Todo, que somos las goticas que contienen el Océano del Amor de Dios, entendemos que la aceptación es inherente a nuestra esencia y que aceptando escalamos el primer peldaño que sana todos nuestros asuntos; llámense relaciones interpersonales, relaciones con el cuerpo (salud), relaciones con el dinero, trabajo, etc.

La aceptación te invita a sentirte en paz, independientemente de lo que aparente suceder ahí fuera, de lo que la ilusión del mundo pueda mostrar. Pídele a Dios, al Espíritu Santo, Su Voz; y a los Santos Ángeles, Sus Pensamientos, que te ayuden a cambiar tus percepciones, que te apoyen en tu aceptación, viendo las cosas de otras maneras. Que sean ellos tu visión misma.

Negar es similar a escapar. ¿Y a dónde crees que va todo eso que no aceptas, a lo que le huyes? Desafortunadamente, se proyecta la falta de aceptación en otras personas, acusándolas de lo que sucede. Así creemos que sacando el hecho de nuestra experiencia, es decir poniéndolo ahí fuera, nos deshacemos de el. Que errados estamos. En realidad, con esa actitud, ello se queda en nuestra mente.

Leí que el dolor no proviene del amor que los demás nos niegan sino más bien del amor que nosotros les negamos. Entonces, a quién o qué no estás aún amando y aceptando?, ¿qué está retrasando tu aceptación y perdón?

Acepto y abro mis ojos y brazos al cielo con amor, aceptación y gratitud.

Martha Muñoz Losada

Anuncios