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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 08 de Junio de 2014.

Al tocar el tema de las adicciones, la mayoría de las personas piensa en sustancias alucinógenas, alcohol, cigarrillo, juego, sexo, internet, por no mencionar más. Sin embargo, adicción implica todo lo que de alguna manera nos ata: relaciones disfuncionales, comportamientos autodestructivos, mañas, resabios, manías, actitudes obsesivas, tendencias compulsivas, pensamientos fatalistas, etc.

Piensa por un instante en todo lo que te produce apego. Algún sitio en particular, por qué no un lugar de trabajo o vivienda, una persona, una corriente ideológica, algún alimento, un pasatiempo, hasta el gimnasio por ejemplo.

Sigue pensando. Y si exploras el área de las conductas:

¿Qué tal la “victimitis”, la negatividad, el drama, la mentira, la terquedad?

¿Eres de los que arma lío por todo?

¿Acaso, de los que viven viendo y vaticinando negatividad alrededor?

¿Te catalogarías dentro de los que defienden ideas porque sí y no cambian de parecer por nada del mundo?

¿Añoras tiempos pasados?

¿Culpas a los demás de tus problemas?

¿Eres maniático/a con la limpieza o el orden?

¿Caes fácilmente en la crítica, la arrogancia, la rabia o el rencor?

Tu te conoces bien y sabes qué conductas adictivas presentas y de qué manera te roban la paz en tu interior.

Las adicciones son como una forma de anestesia, para ocultar cualquier forma de miedo, para distraernos de nuestra verdadera misión, para desatender nuestro ser y en últimas, negar el amor.

Aprovecha entonces, este mismo momento, piensa en tus ángeles y sintiendo la confianza de su presencia, pregúntate:

¿Qué es eso que mi Yo Superior si sabe que no me hace bien y sin embargo me hago adicto/a a ello?

¿A qué área de mi vida no le estoy prestando atención, no resuelvo y me escapo en algún tipo de adicción?

El precio que se puede pagar por no atender y asumir la responsabilidad de nuestras adicciones y obsesiones, es perdernos la posibilidad de vivir en plenitud tal y como nuestro Padre desea. Adentro nuestro contamos con el poder para lograrlo. Permite que Dios, a través del Espíritu Santo y los ángeles, intervenga. Deja tus adicciones, del tipo que sea, en manos del Creador.

Alguien me dijo: “…es que esto me gana”. Bueno, recuerda que Dios en ti es más fuerte y poderoso que cualquier forma de adicción, la que sea. No intentes sustituir el amor de Dios con cualquier otra cosa. Sólo Dios nos colma y sustenta verdaderamente.

Importante es reconocer eso que nos esclaviza, pero sobretodo actuar y corregir. Porque una cosa es aceptar que se posee una adicción. Otra, dar permiso para que se quede, se acomode y no hacer nada al respecto. Por otra lado, tus adicciones no deben asumir tu falta de amor propio.

Los ángeles, en cabeza del Arcángel Rafael, nos ayudan a sanar cualquier modalidad de adicción. Pide su asistencia y en el nombre de Dios invócalos, expresándoles tu situación. Puedes hacerlo así:

Ángeles amados: gracias por amarme incondicionalmente. Reconozco que en este campo en particular (menciónalo), presento más tendencias adictivas que en cualquier otro en mi vida. Ayúdenme por favor a liberar mi yo compulsivo. Les entrego lo que me produce manía y adicción. Obren en mi y recuérdenme mi origen real. De su mano, renuncio a todo patrón autodestructivo. Que así sea.

Reconcíliate contigo mismo y proponte sanar. Si en el camino flaqueas, no seas duro; perdónate y retoma tu propósito. Por antiguas o fuertes que parezcan tus tendencias adictivas, su fuerza se debilita ante el Poder Divino. Piensa más en El y menos en tus adicciones.

Un consejo angelical: escucha el mensaje que la adicción te trae. Acógelo y satisface tus necesidades de amor, con amor. Para ya de buscar en el objeto de la adicción, lo que no puede darte.

Además, no cambies un mal hábito por otro. Es decir, si estás dejando de fumar, no reemplaces el cigarrillo por comida. Sana tu relación con todo tu ser y no te hagas más daño a ti mismo. Tu solo no puedes; te recuerdo, cuentas con el apoyo de tus ángeles para lograrlo. Decídete y da el primer paso.

A manera de mantra repite para ti mismo: “Yo solo no puedo, pero con Dios si”. Ya notarás la luz y el poder que emanan de estas palabras. Son un recordatorio de que Dios puede más que tu sufrimiento, tu ansiedad y todos tus temores, adicciones y monstruos juntos.

Entra en mi vida Señor y lléname de Ti. Te entrego mis conductas adictivas. Ya no las quiero, ya no las necesito. Te pido que pongas fin a la causa que las generó y las disuelvas en Tu amor. Gracias.

A veces con nuestras adicciones, lo que buscamos es aislarnos o poner distancia a los demás. Visualiza tus adicciones como lo que son: cargas pesadas o pequeños dictadores que te quieren limitar y oprimir. Diles que ya no las quieres soportar más y pon en tu mente el siguiente pensamiento:

Hoy recuerdo que Dios y los ángeles, siempre están amorosamente dispuestos a liberar mis cargas y a quitarme de encima todo lo que me obsesione. Tienen todo mi permiso para hacerlo. Ángeles: pongo mi vida y mi voluntad en sus manos. Cuídenme por favor. Gracias.

Bendiciones de amor y luz.

Martha Muñoz Losada

 

 

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