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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 12 de Octubre de 2014.

El sufrimiento se genera cuando percibimos un evento de manera equivocada. Si sufro, si me siento mal, es que estoy percibiendo incorrectamente, aprendí estudiando UCDM – Un Curso de Milagros.

Las emociones son mensajeras y es tu responsabilidad hacerte consciente de que tu sentir es producto de tu propia percepción. Por eso, la tarea es observar la manera en que tú interpretas cada cosa que te acontece. O te dramatizas o te haces responsable. Una de dos.

Piensa entonces: ¿eres adicto o adicta al sufrimiento?

Para empezar, date cuenta de que es tu propia mente egóica y el conjunto de creencias que allí has alojado, lo que hace que percibas tus experiencias de tal manera que te hacen sufrir.

Es el ego quien te programa para que pienses que sufrir es la única manera, que la vida es dura e injusta y que no hay otra opción. Así que no hace ningún sentido poner en manos o mentes ajenas la responsabilidad del sentir de tus emociones.

No te engañes creyendo que con aniquilar la causa externa cesaría tu sufrimiento. Justamente esa es la trampa, pensar que algo ahí afuera te hace sufrir. El sufrimiento se asocia directamente con tu postura mental. Perdónate y perdona todo aquello que consideraste motivaba tu sufrimiento.

Recuerda que la mente es de Dios, solo una parte ha sido invadida por el ego, afortunadamente. Entrégasela al Padre. O mejor, devuélvesela. Tus amigos celestiales te pueden ayudar.

¿Por qué no le pides a tus ángeles que sean ellos quienes ocupen tus pensamientos y que además te regalen unos nuevos lentes, una nueva percepción? Invócalos para que te ayuden a desprenderte y a cambiar tu antigua manera de ver y vivir las cosas.

Quiero dejar de sufrir, quiero ser feliz. Ayúdenme por favor ángeles. Les entrego todas las ideas que había tenido acerca del sufrimiento. Suelto el disfraz y el personaje de la víctima que sufre. Le pertenecen al ego.

Te doy otra clave: una de las principales causas del sufrimiento es la no aceptación. Si ya me has leído antes, sabrás que aceptar nada tiene que ver con resignarse o con quedarse quieto. Aceptar es lo opuesto a resistir, a luchar en contra.

Para profundizar sobre la aceptación te sugiero revisar la reflexión: “Con tus ángeles, acepta y transfórmate” que se publicó en el Diario La Nación y en el Blog de Lecciones con Ángeles el 02 de Febrero del 2014.

Un mantra para repetir en esos momentos en los que te cuesta aceptar, podría ser el siguiente:

Abrazo y acepto lo que en este momento no puede ser de otro modo.

Hace muchos años, cuando aún veía televisión, en el noticiero del mediodía presentaron algo muy trágico. Un alud de tierra en un municipio cerca de Medellín, capital del departamento de Antioquia, en mi bella Colombia.

La toma mostraba a un hombre que aparentemente se veía sereno al lado de la montaña de barro en la que antes se edificaba su casa. Su familia completa había perecido.

A mi lado, estaba una señora quien se aterró de la actitud del hombre. “Qué persona más inhumana, tan tranquilo ahí parado, ni llora. No dársele nada semejante pérdida”.

Esto es lo que nos enseñaron a todos, es como si hubiéramos venido con el chip del juicio y del sufrimiento instalados. Tratemos de no hacer juicios. No es fácil pero al menos, intentemos.

Además, digámosle adiós a la idea de que el sufrir está justificado, que es normal o natural y que es lo que nos va a salvar. El sufrimiento no se justifica porque no soluciona nada.

Al sufrimiento le encanta tener compañía. ¿De quién? Bueno, algunos socios que se le arriman son el miedo, el sacrificio, la “victimitis”, el apego, el drama, el resentimiento, la culpa y obviamente el castigo. De todos ellos te deberías despedir.

Si vivencias algún tipo de sufrimiento, es que el ego te está dictando sus premisas y tu le estás obedeciendo. Recuerda, tú no eres el ego y de lo único que eres victima es de tu percepción.

Tan fregado es el ego con esta artimaña del sufrimiento, que hasta nos hace creer que sufrir es lo mismo que amar. O dicho en otras palabras, que cuando se ama, se sufre. De ninguna manera. Compartir el sufrimiento no es amor. Todo lo contrario, el amor es paz y goce.

Cuando estaba pequeña era común escuchar en el ambiente: “la letra, con sangre entra”. Nada de eso, quitémonos la idea de que para crecer hay que sufrir o que sin sufrimiento no hay aprendizaje o cambio. Es el ego el que le atribuye sentido al sufrimiento. El ser nació para ser feliz, aprendiendo y viviendo desde el amor.

Dios es un Padre amoroso. Y ningún padre desea que sus hijos sufran. El recuerdo del Amor de Dios dentro de ti, te libera de la creencia del sufrimiento. Me despido no sin antes volver a insistir: todo lo que no aceptamos nos hace sufrir.

Reflexionaba hace días mi maestra de UCDM – Un Curso de Milagros: “Lo básico para ser felices ya lo tenemos: la vida y el aire. Lo demás es carpintería”.

Bendiciones de amor y luz.

Martha Muñoz Losada

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