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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 29 de Enero de 2012.

De alguna u otra manera la mayoría de nosotros hemos escuchado sobre el tan nombrado tema del despertar de la conciencia. Y muchos se estarán preguntando en qué consiste y a qué se refiere. Para empezar, la conciencia es la capacidad de caer en la cuenta de cómo vivimos, de cómo percibimos cada circunstancia tratando de ir más allá de la pasividad, de la inercia y de las  reacciones automáticas.

Por otro lado, es frecuente el comentario acerca de lo acelerado que transcurre el tiempo, que los días pasan más rápido y la energía fluctúa provocando altibajos en las emociones. Hay quienes se quejan de alteraciones en los patrones de sueño, cambios en sus gustos, amistades; sensación de no estar, de no querer pertenecer más a determinado círculo social, de no acoplarse con las ideas de antes, aumento de la sensibilidad, rechazo hacia las malas noticias y a cualquier forma de crueldad o maltrato; cansancio (o lo contrario, mucha vitalidad), etc. Estos entre otros muchos, son algunos de los síntomas más comunes que estamos experimentando como abrebocas de este gran salto de la humanidad, de comprender que provenimos del amor y al amor debemos volcarnos de nuevo.

Este despertar a la energía del amor es masivo; todos nos encontramos en proceso de armonización y transmutación  y no solo es en el campo espiritual; involucra todos los niveles profesionales, sociales y económicos. Aunque global, en este gran cambio cada uno de nosotros es responsable y protagonista de su propio despertar.

Se tu mismo un generador de transformación; si crees que tu vida no está bien, no culpes lo externo, no sentencies a otros ni muchos menos te enojes con Dios. Todos venimos a vivir nuestras experiencias, a aprender lecciones desde el amor y el perdón. Cada vez debemos estar más conscientes de nuestra responsabilidad en cada una de nuestras acciones.

Nuestro propósito de vida primario es amar y ser felices. En este mundo de sueños y de ilusiones, elige ver diferente. Derrumba los temores que te impiden despertar; pide y permite ser guiado. Usa tu capacidad de discernimiento, camina de la mano de quien sabe: Dios; e invita a tu maestro interior y a tus ángeles a que te muestren la verdad en cada experiencia.

No hay nada que temer. Existe mucha ayuda en el cielo, millones de seres de luz (ángeles y otros guías), encargados de apoyarnos en este momento de renacimiento  y evolución de la mente colectiva del planeta en el que haremos entendimiento profundo y verdadero de nuestro origen y de cómo estamos conectados entre todos y con todo. Para percibir diferente, no desde la mente, si no desde otro lugar: el corazón. Para entrar en contacto con el potencial infinito de nuestro propio ser, nuestra sensibilidad y conciencia, y asumir nuestro papel en este mundo, recordando quiénes somos: los amados hijos de Dios, sus poderosos herederos, responsables por demás de nuestras creaciones y acciones.

A vivir realmente tu vida
Imprégnate de amor y comprométete contigo a vivir realmente tu vida, a deshacerte de las viejas formas de pensamiento, a lo que te es familiar. Lo conocido no es necesariamente lo más seguro ni lo único cierto. Abandona la necesidad de tener siempre la razón y de resistirte a todo lo que te sucede. La resistencia solo crea más resistencia.

Fluye y suelta todos los “debería” (debería ser, debería tener, debería actuar) ya que te limitan y te apartan de lo que realmente es; abraza tu hoy, ábrete a lo nuevo sin expectativas ni juicios. Déjate ver como lo que realmente eres; dile no al autocontrol, a estar perfectamente bien “puestos” a toda hora para ser aprobados.

Para terminar, de manera amorosa y muy respetuosa te recuerdo que no tengo la razón en todo ni deseo tenerla, no intento convencerte de nada ni te persuado para que creas en ninguna doctrina. La verdad, el amor y la luz no requieren defensa ni comprobación. Por si solas se sustentan.

El mensaje final es para todos. Aunque parezcamos diferentes, aunque nuestras experiencias se vean separadas, no es así. Todos estamos conectados y permanentemente unidos con Dios. Siempre puedes escoger entre el amor o el miedo. ¡Tú decides!.

Con todo mi corazón te deseo la paz de Dios.

Martha Muñoz Losada

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