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Publicado en el Diario La Nación de Neiva (Huila, Colombia) el 28 de Diciembre de 2014.

Muy cerca ya de terminar este año, qué mejor manera de despedirlo que una meditación con los ángeles. Antes de presentártela, te invito a hacer una reflexión para liberar este ciclo que está a punto de cerrarse.

Para empezar, ningún año es bueno ni malo, positivo o negativo, mejor, peor, más duro que otro; esos son rótulos de la mente egóica. Tampoco hay años más cortos o más largos. Es la forma en que se decide vivirlo, como se asume, lo que hace que para unos se haya pasado más rápido o más despacio.

Entonces, evoca mentalmente las experiencias que trascendieron este año y elige conscientemente observarlas desde una nueva óptica.

Piensa, mis actuaciones:

¿Fueron desde el amor?

¿Cómo lo hubiera hecho con amor?

¿Qué o quiénes influenciaron o impactaron mi vida este año?

Abstente de interpretar. Si no entendiste, no juzgues. Decide terminar con el capataz, el crítico que ordena los pensamientos que te hacen daño. Hazte consciente de que los pensamientos traen consecuencias para quien los piensa y alberga.

Cada evento que viviste, aún esos que sacudieron tu mundo, acéptalos tal cual como sucedieron. Ya lo he explicado en otros textos: no es resignación, es aceptación por comprensión porque finalmente disciernes que fue para tu mayor beneficio.

Todo lo que te aconteció te correspondía, porque nada te llega si no es para ti, si no lo has pedido y creado y nada se va sin haber cumplido su propósito. Hay vivencias que son inevitables.

¿Para qué las elegiste?

¿Qué decidiste hacer con la experiencia alcanzada, con el aprendizaje?

¿Lo incorporaste o seguiste igual?

Agradece lo nuevo y lo que se fue. Lo que a tu manera de ver ganaste y también lo que perdiste. Todo tiene una razón y al respecto, Dios solo da, nunca quita. Él no te priva de nada mientras lo necesites. Si algo o alguien este año dejó de estar en tu vida, fue porque simplemente ya cumplió su cometido. La finalidad y hasta el tiempo por el cual se dispuso que existiera o lo tuvieras, ya se dio.

Deja ya la lucha interna. No vivas del pasado. Somos seres en constante adaptación y evolución. Y tu existencia es hoy. Qué bueno poder hacer un alto y ver lo que la vida te ofrece, versus a lo que tu te aferras.

Arranquemos con la meditación:

Busca un lugar y un espacio de tiempo, libre de interferencias. Para ello, desconecta o apaga cualquier equipo que pueda interrumpirte. Si es de tu agrado, enciende una vela, pon incienso y música suave.

Adopta una posición cómoda, ya sea sentado o acostado. En el nombre de Dios, invita la asistencia de tus ángeles de la guarda y de los arcángeles Jeremiel, Miguel y Azrael.

Aquieta tu mente. Llámalos verbalmente mientras respiras nueve veces, muy pausado y profundamente, igual que lo haces cuando duermes.

Repite en voz alta:

Dios Padre, tu siempre estás a cargo. Te entrego todas las situaciones vividas este año en las que aún me siento atascado.

Ángeles de la guarda, Arcángeles Jeremiel, Miguel y Azrael, únanse en amor conmigo por favor, gracias. (x9)

Siente la presencia cálida de tus ángeles y arcángeles. Están contigo para orientarte. Te aman con la misma intensidad de Tu Padre. Son portadores de Su Amor. Déjate consentir, deja que te envuelvan en capullos o nubes de Luz y Paz divinos.

Como ya has hecho tu evaluación, trae nuevamente a tu mente, como en una película, las escenas de los eventos más significativos de este año, las personas que crees que te hirieron, las situaciones que consideraste como malas o difíciles. Obsérvalos pero no te enganches emocionalmente. Ahora eres un simple espectador en silencio, aparta tus pensamientos racionales, sólo observa. No juzgues, no te reproches. No opines.

Libérate de remordimientos, perdona (incluyéndote a ti mismo), agradece todo, absolutamente todo, las grandes y pequeñas bendiciones que recibiste en el 2014. La gratitud es una de las herramientas espirituales más poderosas para cerrar cualquier ciclo en tu vida.

Da tu consentimiento, pidiendo a los ángeles y arcángeles que desprendan de ti toda memoria de dolor. Pide que limpien tu campo energético y corten todo lazo etéreo de dependencia o atascamiento. Continúa respirando y observando tu película mental. Quédate ahí muy quietico mientras ellos hacen su labor. Tu ya has dado tu permiso, no intentes dirigirlos. Ellos saben lo que hacen, ellos son al mismo tiempo mensajeros y mensaje.

Siente que la cinta del video de este año de tu vida, está siendo depurada. Solo queda el aprendizaje, los momentos que se generaron desde el amor. Lo demás ya no es necesario. Termina la meditación agradeciendo a Dios Padre y a sus extensiones de amor, los ángeles, su intervención.

No es que borren tus vivencias. No, simplemente ya todo está perdonado. Puedes mirar hacia atrás, recordar sin dolor. Ahora comprendes que todo en tu camino estaba diseñado y consentido por ti mismo.

Me sumerjo en el Amor de Dios y libero tranquila el año que termina.

Martha Muñoz Losada

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